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De la formación a la acción: agua para más de 600 personas en Gambia

En la comunidad de Rumba, en Gambia, una formación dejó de ser solo un espacio de aprendizaje y se convirtió en acción concreta. A través de la movilización local, la participación comunitaria y el liderazgo de sus propios habitantes, un antiguo problema de acceso al agua comenzó a ser abordado por quienes más vivían sus impactos. Hoyla solución construida de manera colectiva beneficia a más de 600 personas. 

De la formación a la acción: agua para más de 600 personas en Gambia  

Con movilización local y el apoyo de organizaciones aliadas, la comunidad de Rumba transformó el aprendizaje en acción concreta para enfrentar un desafío histórico de acceso al agua. 

Durante años, conseguir agua limpia y segura fue parte de la lucha diaria en la comunidad de Rumba. Las familias dedicaban tiempo y esfuerzo para garantizar agua para cocinar, cuidar la higiene y cubrir otras necesidades básicas. Esta carga recaía principalmente sobre mujeres y jóvenes. Con el crecimiento de la comunidad, la infraestructura existente ya no era suficiente, afectando la salud, la rutina y la calidad de vida de las personas. 

El problema era conocido por todos. La pregunta era cómo pasar de la necesidad a una solución posible. 

El cambio comenzó durante una formación en Movilización de Apoyo realizada por CASA Gambia. En la actividad, las organizaciones participantes fueron invitadas a ir más allá de la teoría y construir planes prácticos a partir de prioridades reales de las comunidades. Rumba fue elegida como estudio de caso. Pero lo que empezó como un ejercicio de aprendizaje rápidamente tomó fuerza y se convirtió en una iniciativa concreta. 

CASA Gambia, Mama Africa for Gambia Foundation y el Comité de Desarrollo de la Aldea se articularon para llevar la idea adelante, desde la planificación hasta la implementación. 

El primer paso fue escuchar a la propia comunidad. En conversaciones con habitantes, liderazgos locales, mujeres y jóvenes, una prioridad quedó clara: mejorar el acceso al agua. En lugar de comenzar por una propuesta para donantes externos, el proceso partió de las personas más afectadas por el problema. 

Juntas, analizaron la situación, definieron un camino posible y movilizaron recursos desde distintas fuentes. La propia comunidad también aportó, con contribuciones financieras, trabajo, materiales y otros recursos locales. 

De la movilización a resultados concretos 

El resultado fue directo: se instaló un sistema de extensión de agua que hoy beneficia a más de 600 personas en 60 hogares. Alrededor del 36% de los recursos necesarios provino de la propia comunidad, a través de aportes financieros y contribuciones en especie. 

Una vez concluido, el sistema fue entregado al Comité de Desarrollo de la Aldea, asegurando que la gestión permaneciera en manos de la comunidad y que la iniciativa tuviera continuidad. 

Pero el cambio no se limitó a la infraestructura. El proceso también transformó la manera en que la comunidad comenzó a enfrentar sus desafíos. En lugar de esperar únicamente financiamiento externo, los actores locales movilizaron sus redes, sus recursos y sus capacidades para responder a una necesidad compartida. 

Como explica Gibou Jobe, de CASA Gambia: “Involucrar a la comunidad es esencial para la sostenibilidad. Cuando las personas se apropian del proyecto, pueden darle continuidad incluso después de que termina el financiamiento.” 

Lamarana Jallow, de Mama Africa for Gambia Foundation, refuerza esta idea: “La comunidad no solo participó; tuvo un papel fundamental desde la evaluación hasta la implementación. Las personas no fueron solo beneficiarias, sino tomadoras de decisiones. Ayudaron a definir las decisiones, aportaron recursos y se mantuvieron involucradas de principio a fin.” 

La experiencia de Rumba muestra que el acceso al agua es solo una parte de la historia. Lo que ocurrió allí también revela la fuerza de la movilización comunitaria cuando las personas tienen espacio para liderar soluciones frente a sus propios desafíos. 

Al movilizar recursos locales y asumir responsabilidad sobre el proceso, la comunidad construyó más que una solución de acceso al agua. Construyó autonomía, sentido de pertenencia y confianza en su propia capacidad de actuar. 

Lo que comenzó como un ejercicio de formación se convirtió en un ejemplo concreto de desarrollo liderado por la comunidad: conocimiento que se transforma en acción, y acción que genera cambios duraderos.